Se suele abusar del adjetivo ‘histórico’. Pero en este caso, es muy probable que dentro de unos cuantos años se siga estudiando la reciente sentencia de un tribunal de California que condena a Meta y Google por generar adicción entre los menores desde su propio diseño.
La demandante, K.G.M., sufrió graves problemas de salud mental tras volverse adicta a las plataformas de redes sociales de las demandadas Meta y YouTube, cuando era solo una niña. Se trata del primer caso de juicios por adicción a las redes sociales desde la perspectiva de responsabilidad por productos defectuosos.
Con esta sentencia, se rompe aún más la percepción de invulnerabilidad de las grandes tecnológicas. Como declaró Sacha Haworth, Directora Ejecutiva de The Tech Oversight Project (organización que lucha contra los excesos de las ‘big tech’), “este fallo es un terremoto que sacude hasta sus cimientos el modelo de negocio depredador de estas empresas. Después de años de manipulación por parte de compañías como Google y Meta, nuevas pruebas y testimonios han revelado y validado los daños que jóvenes y padres han estado denunciando durante años. Estos productos fueron diseñados deliberadamente para dañar, crear adicción en millones de jóvenes y provocar consecuencias para la salud mental de por vida”.
Esta condena a Meta y Google se una a otra similar, con menos repercusión, en Nuevo México (Estados Unidos) y abre la puerta a nuevas condenas en las decenas de casos que se están juzgando en Estados Unidos, y muy especialmente en California.
La condena a Meta y Google desmonta sus excusas
Los juicios han generado un registro público sin precedentes de documentos internos comprometedores de las empresas, que revelan su desprecio por el bienestar de los menores. Esas pruebas han sido recopiladas por The Tech Oversight Project.
Así, Instagram desarrolló una estrategia comercial explícita para crear adicción a su plataforma en varias generaciones de familias estadounidenses, utilizando deliberadamente a adolescentes como puerta de entrada para reclutar a padres, hermanos menores y abuelos.
Una presentación sugería que Instagram podría «utilizar las redes escolares como palanca de captación» y posicionarse como «integral para gestionar las relaciones escolares, especialmente durante los períodos de transición», como la graduación o el cambio de escuela. Los ejecutivos de Meta rastreaban el «tiempo total que los adolescentes pasaban en la plataforma», priorizaban el crecimiento de los adolescentes, creaban directorios de institutos y activaban campañas de difusión en las escuelas para aumentar la participación en campus específicos. Un empleado escribió: “Necesitamos optimizar […] para poder echar un vistazo a tu teléfono debajo de tu escritorio en medio de la clase de química :)”.
Además, un documento de 2015 mostraba como objetivo de la empresa aumentar el tiempo que los niños de diez años pasaban en Instagram, y documentos internos también mostraban que Instagram registraba el comportamiento en línea de niños de tan solo ocho años.
En cuanto a YouTube, ya en 2012 un documento interno admitía que la empresa no medía eficazmente el bienestar de los usuarios y describió su objetivo como «adicción».
En 2023, Google dirigió específicamente YouTube Shorts a los adolescentes, a pesar de que investigaciones internas identificaron los «dos mayores desafíos para el bienestar adolescente» de esta función: recomendaciones de contenido de baja calidad «que pueden transmitir y normalizar creencias o comportamientos poco saludables» y el «uso prolongado e involuntario» que desplaza «actividades valiosas como pasar tiempo con amigos o dormir».
En Europa, también
Las plataformas tecnológicas también han recibido malas noticias esta semana del otro lado del Atlántico.
La Comisión Europea está investigando a Snapchat ante la sospecha de que puede “estar exponiendo a los menores a intentos de reclutamiento para fines delictivos, e información sobre ventas de productos ilegales, como drogas, o sujetos a restricciones de edad, como cigarrillos electrónicos y alcohol”.
Y una investigación preliminar del Ejecutivo comunitario acusa a las plataformas de porno Pornhub, XVideos, XNXX y Stripchat de incumplir el Reglamento de Servicios Digitales al permitir a los menores consumir pornografía.
Lo sucedido con estas webs confirma que, como viene denunciando la AETD, no hay una voluntad seria de las plataformas por implementar sistemas eficaces de verificación de edad. Además de la acción de la Justicia en casos específicos, las iniciativas políticas, como las que prevé el Gobierno español prohibiendo el acceso a las redes a los menores de 16 años, serán insuficientes si no van acompañadas de medidas técnicas concretas y verificables.
Pero el punto de inflexión ya se ha cruzado: la cuestión ya no es si hay que poner límites a las plataformas en su relación con los menores, sino cuál es la manera más eficaz de hacerlo.

